Ella, hermosa, de medidas imperfectas, con su ropa más holgada y sus zapatos más cómodos. Su pelo suelto al viento fresco. Sin o con maquillajes. Liberada. Dando un romántico paseo por el parque, mientras come regaliz rojo al atardecer. Las manos entrelazadas, acariciándose, jugando. Se sienta a la orilla de ese río que recorre la ciudad. Disfrutando del sonido del agua. Agua libre, como ella. Transparente, como ella. Un rayo de sol calienta su espalda. Se siente en su mejor momento. Respira. Habla, con dulce voz, pero sin emitir sonido. Confiesa sus sueños y pequeñas locuras. Sus teorías sin sentido con las que siente que piensa por ella misma. En su mundo mitológico. Ella, incontrolable, revolucionaria, extremista, feminista, inquebrantable. Con buen criterio y sin él, con carácter y cursiladas, correcta e incorrecta, culta e inculta, fina y chabacana, inteligente e imbécil. Ríe. Reconoce lo que le hace bien y feliz. Sus vergüenzas y zonas físicas que no ...