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COMER-NOS

Yo te quiero comer mientras nos comemos el mundo juntos.

MI HOGAR

Mi hogar, el mío, estará en un pueblo, a las afueras de mi Madrid. Tendrá un terrenito, qué ya veré que hacer con él. Tal vez plante algo para comer y tenga unas gallinas. Y unos árboles, por aquello de la sombra, un columpio y el olor del limomero. Una piscina, bien iluminada para bañarme desnuda, de noche, los días cálidos. Una cascada, para oír el correr del agua. Una terraza chillout y barbacoa para hacer verduritas a la brasa rodeada de los míos. Estará protegido por un San Bernardo, uno o varios gatitos y el olor del ciprés. El interior tendrá una gran cocina con mesa de comedor, un fregadero de piedra con ventana que mire a la piscina y a las vistas de la montaña. El baño tendrá jacuzzi y ducha, con toallas de esas que dan gustito con solo verlas. Un salón amplio con chimenea para oler la leña los días de invierno. Mi habitación, insonorizada, con cama de dos por dos para perderme y perdernos en ella. Un estudio cómodo desde el que dirigir mi imperio, con puertas francesas para ...

Nacer, sangrar, cuidar, resistir.

Que vivimos en un mundo patriarcal ya lo sabemos, pero cada día estoy más convencida de que también es un mundo que maltrata a las mujeres, aunque lo haga de forma silenciosa y estructural. Y no es casualidad: el patriarcado y el maltrato sistémico van de la mano. En los inicios del movimiento feminista se nos convenció de que la libertad consistía en ser “iguales” a los hombres y trabajar fuera de casa. Se crearon empleos para nosotras, sí, pero también se nos cargó con una doble jornada: la laboral y la doméstica. Más de un siglo después seguimos hablando de corresponsabilidad familiar, intentando que los hombres participen en las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Pero la corresponsabilidad es solo la nueva versión del mismo engaño: no elimina nuestra carga biológica, solo intenta equilibrar las horas de trabajo en un sistema que sigue diseñado desde un cuerpo masculino. Hoy, mientras me duele el cuerpo por la menstruación, mientras leo sobre los cambios físicos y hormonale...

Medio año conmigo

Pasó medio año y parece mucho más,  ¿por la falta de costumbre a la soledad o porque he sabido disfrutarme como nunca?

COMO UN HIELO

Me derrito como un hielo a 40° cada vez que pronuncias "mi niña" Y siento deseos de volver a fundirme en tí,  cómo un río recorriendo nuestras piernas. Apreciar tú excitación al son de mis caderas  e imaginar que ahora eres tú quién se derrite como un helado en mi boca cada vez que gimo, extasiada, tu nombre.  P.D: No sé a quién va dirigida ni cuando la escribí. Encontrada entre mis cuadernos. 

BUENOS DÍAS

Hola, o como tú dices, buenos días.  Te he escrito decenas de cartas durante estos años que nunca te enseñé, solo la primera. Anoche las leí todas. ¿Te puedes creer que desde la primera carta de la primera noche ya me estaba diciendo a mí misma que soy dependiente emocional? ¿Y qué en las sucesivas cartas me decía que estaba dependiendo? Me lo estaba diciendo constantemente y no lo veía, no se puede ser más imbécil. Anoche tuve esa revelación, me vi desde fuera, posiblemente como me ves tú. Y me hablé honestamente.  El miércoles ni siquiera sabía realmente por qué me iba, por qué huía de nuestra relación. Solo sabía que así no, sin saber que es el así. Soy dependiente emocional y afectiva. Estoy dependiendo emocionalmente y afectivamente de tí. Lo sabía pero no me veía.  No puedo mantener la relación sana que necesitas, que necesitamos. Cada día soy más dependiente, tanto que hay momentos de enajenación y mucha toxicidad en mí. Estoy enganchada y necesito desintoxicarme d...

La locura de la locura de mi locura

Pero lo mejor no es lo físico, que también. Lo mejor es que no paro de pensarte y me hayo encerrada en la locura del baile de hace 20 horas. En lo loca que me siento por no tener de nuevo tu abrigo de piel puesto y tus labios de fresas rozando mis párpados. Y en mi locura ayer me subí a tu lanzadera. Bajando precipitadamente este mediodía a un mar húmedo de dudas. Sin tener claro que lo que yo sentí fue lo mismo que me dijeron tus miradas, o si eso lo haces con todas ellas, o si realmente estoy enajenada. En un vértigo descontrolado cargadito de oxitocina y prolactina a partes iguales.  Y ahora escribiendo, ¿escribiendo?, hacía años que no escribía así sobre mí y nunca sobre ti…  Me has acariciado entera sin que te lo pidiera. Y ayer pensando que solo eras un holgazán, apagando las horas de cada reloj, haciéndome subir a toda prisa, desde abajo, mi mirada para fijarla en tus ojos.  Y si todo fuera una paja mental, una ilusión con la que no contaba, que no quiero y deseo. ...