MULETA

Y la apoyó en sus miedos, le dejó su hombro para que lo llorase, sus oídos para hablarlo todas las veces que fueran necesarias, sus brazos para que se sintiera segura y su voz para decirla que la amaba por su inteligencia y la deseaba porque estaba muy, muy, muy buena. En el fondo, eso era lo único que todos necesitábamos, y ella no iba a necesitar menos...

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