PEQUEÑA
Quisiera abrazarte muy muy fuerte y que supieras que aquí estamos tú y yo, superándolo todo. Ahora te entiendo tanto... Sufres y parece que nadie se da cuenta. Sigue llorándolo, sigue eliminando toda esa rabia no tan contenida, da igual lo que te digan o amenacen los mayores. Es tu manera de expresarlo. Tus constantes llamadas de atención parecen que no surgen el efecto que deseas. Ójala alguien se hubiera parado en serio a decirte que nunca lo harán, nunca surgen ese efecto. Solo necesitabas que lo hablasen contigo, que te mirasen de frente y te vieran. Que te explicaran y te ayudasen a entender lo que estaba pasando. Que no te estaban abandonando por segunda vez, que te valoraban y te querían, que te ayudarían a manejar tu frustración y a superar tus miedos. Necesitabas cariño cuando más vulnerable eras.
Ójala hubieras sabido cómo va ser tu vida. Que tus adultos te enseñarán que la vida es supervivencia y lucha, que así creerás por mucho que es. Que actuarás boicoteándote constantemente.
Pero quiero que te alegres por lo que serás de mayor. De pronto, llegará el día en que lo veas claro. Entenderás que aún te queda camino que andar, mucho por hacer contigo y estarás encantada de hacerlo. Te lamerás las heridas y te perdonarás. Sabrás el lugar que ocupas, el potencial que siempre has sido, seras las mujer que quieras ser, afrontarás valiente todos esos miedos que ahora te pueden y te amarás más que nunca. Así que cuándo termines de llorar, sonríe, sonriéte.
Te quiero, pequeña mía.
P.D: No te gustará el rosa y con 39 años asociarás el por qué y te dará la risa.
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