Déjame en paz

 Odié tanto que deseé tu muerte, verte envenenado de tu propia mierda me hacía feliz. Y ahora sólo me das un asco tremendo, no te puedes imaginar las ganas de potar que me das.

Corté, rompí, desgarré los hilos que me ataste, menos uno. El irrompible, el intocable, el hilo de pescar para intentar alimentarte de mí durante toda una vida. 

Ahora te deseo prosperidad, que encuentres tu siguiente víctima. Que conmigo se complica el control y la manipulación, que ya no te lo pongo fácil, que me olvides, que me dejes de una puta vez en paz. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nacer, sangrar, cuidar, resistir.

INDESTRUCTIBLEMENTE ELLA