RESPIRO
Respiración profunda, entrecortada y finalmente ronca. Da gusto verle y oírle dormir cuando me desvelo a las 5 de la madrugada.
El peludo está en mi mitad, me da mucho calor pero me da pena moverle, también duerme.
Calor, aparto las mantas. Frío, me arropo. Vuelta al calor y al frío. Llevo más de una hora así. Nada funciona. Soy la única despierta en esta casa dándo vueltas en la cama y dándole vueltas a mil cosas.
Me pregunto como hemos llegado hasta aquí en tan poco tiempo, más aún cuándo ninguno buscaba esto o eso nos dijimos.
Me parece todo tan frenético, a veces descontrolado e irreal. Momentos de vértigo y cierta ansiedad con las cosas que surgen sin estar preestablecidas en mi cabeza. Hay ratos que se empoderan mis miedos pero consigo controlarlos. Me niego a no vivir con la mayor plenitud lo que nos ofrecemos, manteniendo los pies en el suelo.
Otras veces me parece tan real, como si hubiéramos estado juntos siempre, esa sensación de conocerle de otra vida o de esta misma. En el hueco entre su cuello y su hombro se respira confort, paz, libertad. Aquí se da y recibe a partes iguales. Ganas de reírnos, amarnos, follarnos y hacer el ridículo juntos, con pocas vergüenzas. Ganas de no perder nuestro propio yo mientras que nos compartirmos en espacio-tiempo. Sigo con esa sensación de conexión que tuve el primer día en el que crucé esos preciosos y oscuros ojos pardos.
Llevo dos horas despierta, me acurruco a su lado, me coge de la mano, respiro a su ritmo, me relajo y sigo con mis sueños.
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