LÁGRIMAS
Cuando estaba sola se escuchó y en su cabeza sonó esa voz de un desconocido que le decía lo ingenua que es, sin saber que de necia no tenía nada pero si mucho de sincera. Ese desconocido hizo de ella un traje mojado y ella solo pudo comparar con ese otro anhelo, sincerándose a ella misma. Advirtiéndose que tal vez estaba sintiendo lo que buscaba evitar, necia. Mezclado con el pánico de la posibilidad del engaño, ingenua.
Esa mañana había sido buena y agridulce. Por fin estaba con la persona a la que tanto había echado de menos, que tanto había comparado, pero a él parecía que no le apetecía lo mismo. Igualmente, se inhundó de felicidad por ese presente, por todo ese amor, risas y confianza mutua que siempre surgía en sus encuentros. A su vez, sentía enfado con ella misma por tener expectativas, tristeza de guardarse ese enfado y no compartirlo, miedos cargados de incertidumbles y emociones encontradas. Todo suspendido en el tiempo, explotado en el momento de mayor placer, apaciguado con serena respiración y su cálida voz. Hacía tanto que no le pasaba algo así...
Entonces, recordó el olor de su casa, de sus sábanas y de su piel. De sus ojos brotaron lágrimas que recorrieron montañas sonrojadas.
Acababan unas en su comisura, y en el filo del rostro y su pantalón otras.
Y así una tarde entera, triste, con lluvia y cielo gris, del comienzo de un otoño que no ayudaba.
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