Escribo mis cosas cuando tengo musa, a veces la musa también soy yo
CRIATURA
Inmadurez: no tener la edad que expresa tu cuerpo. Cuarto y mitad de malos rollos. Mezclados con simpatía y videojuegos. En ungüento puramente maternal.
Que vivimos en un mundo patriarcal ya lo sabemos, pero cada día estoy más convencida de que también es un mundo que maltrata a las mujeres, aunque lo haga de forma silenciosa y estructural. Y no es casualidad: el patriarcado y el maltrato sistémico van de la mano. En los inicios del movimiento feminista se nos convenció de que la libertad consistía en ser “iguales” a los hombres y trabajar fuera de casa. Se crearon empleos para nosotras, sí, pero también se nos cargó con una doble jornada: la laboral y la doméstica. Más de un siglo después seguimos hablando de corresponsabilidad familiar, intentando que los hombres participen en las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Pero la corresponsabilidad es solo la nueva versión del mismo engaño: no elimina nuestra carga biológica, solo intenta equilibrar las horas de trabajo en un sistema que sigue diseñado desde un cuerpo masculino. Hoy, mientras me duele el cuerpo por la menstruación, mientras leo sobre los cambios físicos y hormonale...
Ella, la rota en mil pedazos una y otra vez, la que sella todos sus pedazos y se recompone. La que vuelve a sonreír, a ilusionarse, a amar, como si nunca se hubiera herido. Ella, la especialista en hacerse la tonta, la ciega y la sorda, ante personas que se creen superiores y piensan que es poco inteligente. Ella, la que a veces no sabe que decir pero si sabe que callar. Silenciosa, sin que se den cuenta ella va con un pié por delante desde hace tiempo. Ella, la que le da mil vueltas a su cabeza y a las personas a las que decidió amar. Ella, que en su interior sabe que volverá a romperse y a llorar de nuevo. Ella, la que siempre cree que muere por dentro cuándo es alma, fuego y emoción indestructible.
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